La pobre joven tomó su ropa y caminó directo hacia el baño, en dónde se vistió y salió de ahí azotando la puerta.
Adriano pegó fuertemente con sus nudillos sobre la cama, aún no entendía cómo era que Rebeca no salía de sus pensamientos, ninguna otra mujer le había llamado tanto la atención como lo hacía Rebeca.
Además, su padre le había enseñado muy bien que en las mujeres y en el amor no se puede confiar, así que enamorarse de Rebeca no era una opción.
—Señor disculpa, que entré de esta manera