La oficina de los Clark estaba llena del murmullo de teléfonos, el golpeteo de teclados y la intensidad de los tratos que se cerraban a diario. Alejandro, vestido impecablemente con un traje oscuro y el porte característico de Ethan, estaba sentado en el despacho principal revisando documentos. En el fondo de su mente, todavía saboreaba el éxito de la renovación del contrato con la mafia rusa, pero su atención se mantuvo enfocada en mantener la fachada perfecta de su hermano.
Un suave toque en