Después de más o menos una hora, volvimos a casa, yo llevé a Alma a su habitación, ya que estaba dormida.
—No debiste decir eso — me regañó mi madre detrás de mí.
— No debiste hacer ese tipo de comentario — le respondí.
Me di la vuelta y la miré.
— Amo a Muriel, aún no estoy listo para una relación. Y no sé si lo estaré en algún momento — le contesté.
Ella se acercó a mí y me abrazó con fuerza.
—Lo siento, es solo que odio verte vagar por la casa como un alma en pena. Me duele verte así — me di