Salí al recibidor, la mujer estaba allí, ataviada en un traje color negro, distraída, viendo cualquier cosa. Tenía el cabello castaño, la piel blanca, ella… de alguna manera se parecía a Muriel.
— ¿Usted es Pía Amato?—Le pregunté.
ella me miró, sonrió y caminó hacia mí.
— Sí, mucho gusto, señor Novikov — me dijo.
Ella se tropezó y terminó de cara al suelo, yo me apresuré a ayudarla a levantarse, la chica me miró con una enorme sonrisa.
—Lo siento —me dijo ella sonriendo.
yo levanté una ceja, e