En horas de la noche, fui a ver cómo estaba Alma. Al entrar, me topé con la grata imagen de Pia cantándole una canción de cuna. Era tan bonito pensar que Muriel pudo ser la que arrullara a nuestra pequeña.
— ¿Se ha portado bien?—Le pregunté, acercándome.
ella me sonrió y asintió con la cabeza.
— Sí, Alma es una muy buena niña, es tan hermosa — me dijo.
Yo me acerqué y me senté a su lado. Miré a mi pequeña en sus brazos y sonreí.
— Se parece mucho a su madre, estoy tan seguro de que ella será i