William atendió mi herida rápidamente. Carolina no se despegó de mí ni por un momento, y Valentino no paraba de preguntarle a William cómo podía él hacer ese tipo de sutura. Me gusta la idea de que le guste este campo; es bastante útil.
— ¿Puedo hacerlo yo? — le preguntó Valentino a William.
— Cuando tengas seis años, te enseñaré — le aseguré.
Los ojos de Valentino brillaron de emoción, y su madre no se veía para nada contenta.
— Creo que con esto es más que suficiente. No hagas ningún tipo