**VIERNES**
Me paré frente al vestido que estaba en la cama, respiré profundo, cerré los ojos por un momento para tranquilizarme. El día había llegado y mi corazón estaba a mil por hora.
— Cariño, ¿por qué aún no te has vestido? Ven y te ayudo — dijo la señora.
Ella entró y levantó el vestido de la cama. Me aparté un poco y miré al balcón. En un par de horas más sería libre.
— ¿Cariño, estás bien? — me preguntó.
Asentí inmediatamente y empecé a ponerme el vestido.
— ¿Cómo te llamas? — le pregun