Esa noche no pude dormir; podía sentir la respiración pausada de Fabien. Tenía que pensar en frío lo que tenía que hacer: quedarme con él era como suicidio. Tarde o temprano se enteraría de la verdad. Lo más lógico era huir lejos, cambiarnos de nombre. Pero para eso necesitaba dinero y alguien que me ayudara. También tenía que hablar con mi papá y mis hermanos; ellos tenían que estar lo más alerta posible.
Miré a un lado; Fabien estaba dormido plácidamente. ¿Cómo podía dormir tan tranquilo con