Cuando la empleada puso el plato en la mesa, yo desvié la mirada. Era carne roja, y por cómo se veía, estaba prácticamente cruda. Yo miré a Fabien cortando y comiendo como si nada.
— Se te va a enfriar — Me dijo Piero sonriendo. Yo corté un trozo de la carne y lo metí en mi boca. Al masticar, las náuseas llegaron. Tomé una servilleta y escupí la carne.
— ¿Quieres otra cosa? — Me preguntó Fabien.
— Quiero comer fruta — le dije.
Piero me miraba con una enorme sonrisa mientras masticaba. Este tipo