Varios hombres salieron de la nada. Jacob estaba todo tenso, y yo estaba que me moría de miedo.
— Métela al coche, Jacob. Quiero almorzar con ella — le pidió Piero.
Yo negué de inmediato con la cabeza.
— Almorzaré con Fabien, pero muchas gracias — le dije con una sonrisa. La experiencia pasada me enseñó a no hablar de más.
— Métela al coche ya — ordenó.
Jacob no se movió ni un centímetro, y yo estaba rezando porque ese hombre se fuera de una vez y por todas. ¿Por qué tenía que ser tan desgracia