C68- LA EXPO DEL INFIERNO (II)
Santiago la sujetó por los hombros, mirándola fijamente a los ojos.
—Tienes que irte, mi alma. Por favor.
—¡Santiago, no! —los ojos de Emma se llenaron de lágrimas, pero su voz era puro acero—. ¡No me dejes!
—Voy a estar bien —le prometió, besándola rápidamente—. Te lo juro. Ahora vete.
Emma lo miró una última vez antes de que Héctor la jalara con fuerza.
Mientras corría, su corazón se desgarraba, pero su rostro permanecía frío, controlado.
Era una mujer de la mafi