C49- MI EXPROMETIDA
El pasillo estaba vacío y Santiago caminó hacia la recámara principal; sus botas resonaron contra la piedra.
Dentro, Emma se miraba en el espejo.
El vestido de seda negro se pegaba a cada curva; el escote descendía hasta rozar lo indecente. Su piel pálida brillaba contra la tela oscura. Satisfecha, se pasó una mano por la cintura.
Ximena tenía razón y Santiago también.
Ella no tenía que encajar en el mundo del jaripeo, tenía que hacer que el mundo del jaripeo se inclinara ant