C44- ESTÁS DICIENDO QUE SOY TUYO
El nombre quedó flotando entre los dos.
Santiago no se movió. Los dedos en el mentón de Emma se aflojaron y cayeron sobre la sábana. Algo le cruzó la cara antes de que apretara la mandíbula y desviara la mirada hacia la ventana.
—Siempre abriste la bocota, Ximena —murmuró entre dientes.
Emma se enderezó.
—No la culpes. Hizo lo que tenía que hacer. —Le buscó los ojos hasta que él volvió a mirarla—. ¿Qué, Santiago? ¿Pretendes tenerme en la oscuridad siempre? ¿No di