Capítulo 82. Los hilos desgarrados
—Él no va a sobrevivir mucho tiempo, Elara, todo Madrid sabe que su vida pende de un hilo —sollozó Elis desde el otro lado de la línea, con la voz quebrada entre el rugido del viento y un pánico abrumador.
Elara apretó aquel teléfono barato hasta que sus nudillos se tornaron blancos, sintiendo un frío helado que se extendía desde su oído hasta lo más profundo de su pecho. El aire dentro de la habitación del apartamento en Fráncfort de pronto se volvió sumamente delgado y asfixiante. Presionó e