Capítulo 21. El control en la debilidad
—¡Retira toda esa comida ahora mismo o despediré a todo el personal de catering de este hospital, Mateo!
La voz de Alejandro sonó ronca, pero cargada de una amenaza letal. El hombre presionaba su boca del estómago con el puño cerrado con fuerza. Su rostro, habitualmente rígido como el mármol, estaba ahora tan pálido como el papel. Mateo se movió con rapidez; sacó de la habitación la bandeja con la sopa y la comida casera de Isabel como si se tratara de una bomba de tiempo a punto de estallar.