Capítulo 20. Calor tras el muro de hielo
—¿Cree que soy tan débil que debe vigilarme como si fuera una pieza de porcelana toda la noche, señor Abraham?
La voz de Elara rompió el silencio de la habitación VIP, solo perturbado por el suave tecleo de la computadora portátil de Alejandro. La luz azul de la pantalla se reflejaba en sus ojos enrojecidos, dándole la apariencia de una máquina sin alma que calculaba la destrucción de sus enemigos. Alejandro no se inmutó. Sus dedos seguían moviéndose con agilidad, trazando estrategias para tap