La gala benéfica de la Fundación Médica del Pedregal era el tipo de evento donde la Ciudad de México decidía quién importaba y quién simplemente existía. Trescientas personas en el salón del hotel Four Seasons, vestidos de diseñador y trajes con corte europeo, champán francés y canapés que nadie comía realmente porque comer en público con demasiado entusiasmo era una señal legible de ciertas cosas que nadie quería señalar.
Ximena conocía ese código desde los quince años. Lo había aprendido no po