El Museo Soumaya se erguía en la noche como una escultura de plata líquida, sus paredes hexagonales brillando bajo las luces que lo iluminaban desde todos los ángulos. La entrada estaba alfombrada de rojo y flanqueada por fotógrafos que gritaban nombres de celebridades mientras los invitados descendían de sus autos de lujo.
El Maserati de Sebastián se detuvo frente a la entrada principal. El valet abrió la puerta del lado de Ximena, y ella sintió el impacto de los flashes incluso antes de poner