Las cuatro y diecisiete de la tarde encontraron a Ximena de pie frente a los ventanales del piso cuarenta y dos, mirando la Ciudad de México extenderse veinte pisos más abajo como un organismo viviente completamente ajeno a la crisis que se desarrollaba en esta sala.
Patricio había salido hacía menos de veinte minutos, custodiado por los abogados de Patricia Mendoza y dos guardias de seguridad que Sebastián había posicionado desde la mañana. La junta había terminado. La votación estaba suspendi