El primer lunes de octubre, Marcos Aguirre llamó a Sebastián con una noticia que no era urgente pero que completaba algo importante.
Armando Aguirre Castillo, de setenta y ocho años, había llegado a un acuerdo con la Fiscalía.
El acuerdo establecía lo siguiente: Armando reconocía su participación en la construcción de la infraestructura que había permitido operar a la red de Viktor Molina en México durante más de dos décadas. Cooperaba con el expediente internacional que Castro había entregado a