Ximena no había dormido.
Cómo podría haberlo hecho, con las imágenes de esas fotografías quemándose detrás de sus párpados cada vez que cerraba los ojos. Siete años. Sebastián la había estado observando durante siete años, documentando su vida como si fuera un experimento científico.
La luz del amanecer comenzaba a filtrarse por las ventanas del piso al techo cuando finalmente se rindió y salió de la suite principal. El penthouse estaba en silencio—Sebastián probablemente encerrado en su propia