El aroma del café recién molido flotaba entre los elegantes murmullos del restaurante Mirago. Richard Fontaine, CEO de Global Tech, hacía girar su copa de vino tinto mientras esos ojos grises, expertos en el cálculo, recorrían la sala con la agudeza de un depredador. A sus treinta y cinco años había perfeccionado el arte de mezclar los negocios con la seducción, siempre capaz de ocultar intenciones poco nobles tras una fachada de refinada elegancia europea.
—Las cifras del último trimestre resu