El aire en la habitación se volvió más frío, más denso, más sofocante. La tensión no solo se sentía, se respiraba, como si cada palabra, cada gesto, cada movimiento estuviera cargado con un peso invisible que amenazaba con quebrarlo todo.
Vaelior no tardó en reaccionar.
El sonido de las lágrimas de Zaelith aún flotaba en el aire, su cuerpo temblando con precisión perfectamente medida, su respiración entrecortada con una fragilidad ensayada. Y eso fue suficiente. Suficiente para que su mirada