El aire en la habitación era denso, cargado de algo más que palabras. La confrontación había alcanzado un punto en el que ya no había necesidad de máscaras. Ya no había espacio para fingir vulnerabilidad, para esconder las verdaderas intenciones.
Zaelith lo entendía.
Nyxara lo sabía.
Y por eso, ninguna de las dos retrocedió.
Zaelith dejó escapar una sonrisa ligera, la clase de expresión que no transmitía dulzura ni alegría genuina, sino un tipo más peligroso de satisfacción.
El tipo que na