Cuando llegaron a la casa, Vaelior estacionó en la entrada y abrió la puerta de Nyxara, esperando a que bajara. Ella lo hizo lentamente, sus piernas temblando pero sosteniéndola. Él no intentó cargarla esta vez, pero se mantuvo cerca, como si estuviera vigilándola. Al entrar en la casa, el aire estaba cargado de una tensión familiar. La sala estaba iluminada por una lámpara tenue, y el silencio era roto solo por el tictac de un reloj en la pared.
Zaelith estaba sentada en el sofá, una copa de