La noche era oscura y silenciosa. Solo se escuchaba el zumbido lejano de los grillos y el ocasional ulular de un búho. Los miembros del clan dormían profundamente, completamente ajenos al peligro que acechaba fuera de sus muros.
Los hombres de Gabriel se infiltraron en el clan atravesando la enorme valla, evitando con facilidad a los guardias y las cámaras. Gabriel los guiaba con paso seguro hasta la casa fuerte, con los ojos fijos en la puerta mientras hackeaba y destruía el sistema de bloqueo