“Mía…” murmuró Dominic con voz ronca y profundamente posesiva, sus ojos ardiendo con una intensidad tan fuerte que parecía capaz de consumir todo a su alrededor. El aire en la habitación se volvió denso, cargado de tensión. Rosa sintió que su rostro se encendía de rabia y vergüenza al mismo tiempo, pero sabía muy bien que no era inteligente presionar a Dominic cuando estaba en ese estado. Se mantuvo erguida, con los ojos brillando de desafío, aunque su voz apenas salió en un susurro tembloroso.