Rosa rodeó con fuerza el cuello de Dominic con sus brazos, aferrándose a él como si temiera que desapareciera en cualquier momento. No dijo ni una palabra, pero la presión de su abrazo hablaba por sí sola: estaba llena de gratitud, alivio y una profunda necesidad de sentirlo cerca. Dominic la cargaba con cuidado, como si fuera algo frágil y precioso, mientras salían de la cabaña hacia la noche oscura.
Vincenzo los seguía de cerca, con los ojos alerta y escaneando constantemente los alrededores