Capítulo 53: Tiempo para pensar.
El ascensor subió sin hacer ruido, pero dentro de Ariadne todo era un caos. El eco de sus propias palabras sonaba en su cabeza una y otra vez: "Nunca lo he necesitado."
Había sido valiente, sí. Pero la valentía se desvanece cuando la puerta del ascensor se abre y te enfrentas a la soledad de un hogar vacío, si es que se le podía llamar "hogar".
Entró y se dejó caer en el sofá, el cuerpo tembloroso, las manos aún heladas. El teléfono. Las fotos. Todo estaba en su