Capítulo 118: Un Instante de normalidad
El auto de Evelyn era pequeño, de color rojo, con un olor a ambientador de vainilla que llenaba todo el espacio. Ariadne se deslizó en el asiento del copiloto sintiendo que cada centímetro de su cuerpo se relajaba al alejarse del edificio.
—¿Hace mucho que no sales? —preguntó Evelyn mientras arrancaba. Tenía esa intuición, o solo Ariadne era muy obvia.
Ariadne dudó antes de responder.
—Algunos días.
Evelyn asintió, pero sus dedos golpearon el volante con