Ese sábado, Nueva York despertó en caos mediático. Adams Smith era el protagonista de todos los titulares. La opinión pública se encontraba dividida: unos dudaban de la veracidad de las noticias, mientras otros disfrutaban de la caída del magnate arrogante.
No solo se hablaba del supuesto delito y el soborno para silenciar el escándalo, sino que la ciudad amaneció con unas hermosas fotos del magnate acompañado de una radiante Glenda, con su evidente embarazo y como si eso no fuera suficiente pa