Capítulo 44

Cerca de las cuatro de la tarde, Morgan llegó a la casa de Adams. Este ya lo estaba esperando y, por más que había intentado evitarlo, no logró mantener a Glenda al margen de la situación.

—¡Hola, Morgan! Qué gusto verte —saludó Glenda con una sonrisa al verlo entrar al despacho junto a su esposo.

—Hola, Glen. ¿Cómo estás?... Pero espera, ¿qué pasó? ¿Cómo es que ya estás así? —preguntó Morgan, asombrado al notar que, a pesar del poco tiempo de embarazo, su barriga ya era notable.

—¿Qué te puedo
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