Elizabeth entró a la oficina de presidencia sin tocar. Al no ver a Ángel en la antesala, siguió de largo.
—Buenos días, Adams. Te voy a pedir que, por favor, converses con esa maleducada de Carter y le digas que me tiene que respetar. Yo soy tu prometida —dijo con voz altiva.
Adams guardó silencio, llevándose los dedos al puente de la nariz. Lili había dicho lo de "prometida" a propósito, pues se dio cuenta de que en la sala había algunos inversionistas importantes.
—Señorita Sander, buenos día