Adams condujo en silencio, temía que la aparición de Lili le fuera a estropear la noche.
—Amor, ¿cómo te fue con Adri hoy? —preguntó Glenda, rompiendo el silencio.
—Bien, ella muy buena, incluso mejor que yo a su edad —dijo el papá orgulloso—. Me dijo que siempre le gustaron los caballos, pero que ahora fue que la dejaste aprender, y que quería un caballo.
Glenda rió al recordar eso.
—Sí, cuando nos fuimos a mudar, ella no quería. Yo le hablé de los caballos del Central Park, y ella salió con l