Capítulo 40: Bajo el agua, solo tú y yo.
El silencio reinaba en la mansión cuando Elías llegó regreso. La mañana cubría Madrid con un frío abrumador, pero él apenas lo notaba. Se desplazó hacia su habitación con una marcha lenta, como un depredador agotado. Sus nudillos, su camisa, e incluso su cuello, aún mostraban manchas secas de sangre. La adrenalina había disminuido, pero su cuerpo permanecía tenso y alerta. Tenía la información necesaria… pero al mismo tiempo, un alma cansada.
Abrió la puerta sin causar ruido, y lo primero que o