PUNTO DE VISTA DE EMBER
Knox se congela.
Contempla el desastre amarillo que gotea por sus abdominales perfectos con una expresión de traición tan profunda que me echo a reír, una risa de esas que te duelen las costillas y te hacen llorar.
—Tú —dice lentamente, con cada palabra cargada de incredulidad—, no has desperdiciado mis huevos premiados.
“Te lo merecías.” Sigo riéndome, no puedo parar. “Eso te pasa por ser tan insoportablemente arrogante todo el tiempo.”
“Qué arrogante.” Se acerca a mí,