PUNTO DE VISTA DE EMBER
Caminamos despacio por el bosque, Rafael acompasando su paso al mío. No hace preguntas ni exige explicaciones. Me guía hacia la casa principal con una paciencia que desconocía.
Me acomoda en un sofá en una habitación que no reconozco: una especie de sala de estar, con madera cálida y luz tenue. Luego desaparece un momento y regresa con una manta, una taza de té y un pequeño frasco de pastillas.
—Para la ansiedad —dice, agitando una en la palma de la mano—. Yo también las