Alejandro rompió el silencio con una calma que llevaba tanto dominio como contención. “Juntas”, murmuró. No era una orden esta vez, era una invitación, una que ninguna de las dos mujeres podía ignorar.
Lucía tomó una respiración temblorosa, mirando a su amiga una vez más antes de acercarse, el aire alrededor de ellas cargado de tensión, incertidumbre y la atracción de algo que ninguna podía ignorar.
Camila invitó a su amiga Lucía a unirse, “¿quieres probar?” Lucía miró brevemente a Alejandro y