Suzie había regresado de la universidad sin avisar. Entró en auto y llamó, pero nadie respondió. Luego oyó una voz familiar animando “a Alejandro a follársela fuerte.”
La curiosidad se apoderó de ella.
Caminó de puntillas por el pasillo, con cuidado de no hacer ruido mientras seguía las débiles voces. Con cada paso, su corazón latía más fuerte, siguiendo el ritmo de los sonidos que venían de detrás de la puerta al final del pasillo.
Cuando finalmente llegó, dudó, su mano flotando justo sobre el