Recuerdos rotos.
El restaurante del hotel está casi vacío. Miro a mi alrededor y me siento un poco cohibida; soy de las personas que disfrutan conversar, y no conocer a nadie me hace sentir más sola de lo que ya estoy. Me acerco a una mesa frente a una ventana que da a un parque. Afuera, el movimiento es suave, tranquilo, muy distinto al caos que llevo dentro.
Un mozo se acerca. Levanto la mirada y lo veo a los ojos. Me sorprendo.
El parecido con Carlos es absurdo.
Parpadeo, confundida, como si mi mente estuvie