Marcando territorio.
Después de un rato bajo el árbol, contemplando el mar y disfrutando de una conversación inesperadamente amena, decidimos volver al local.
Al llegar, unos jóvenes discuten a viva voz cerca de la entrada, y no puedo evitar sonreír. Me recuerdan, inevitablemente, a la dinámica absurda que tengo con Dominic.
Pero esa ligereza dura poco.
Al entrar, me encuentro con Paula. Su mirada, cargada de desprecio, no deja lugar a dudas.
Dominic me sujeta por la cintura y me guía hacia la oficina, como si ese