Más de lo que esperaba.
El silencio vuelve a envolver la habitación, y por primera vez desde que llegué, no me resulta incómodo... sino necesario.
Me quedo recostada, mirando el techo. La conversación con Tati me alivió más de lo que esperaba. Decirlo en voz alta... admitirlo... hace que duela distinto. No menos, pero sí más liviano.
Aun así, no puedo evitar pensar en lo mismo.
Carlos.
Aprieto los ojos con fuerza.
No.
Basta.
Me obligo a pensar en otra cosa antes de quedarme dormida. Es temprano, apenas mediodía, pero