Fraude.
Me quedo sin palabras. El chico del café llega; Tati saca un billete de veinte mil pesos y se lo entrega, no sin antes agarrar su musculoso brazo. Me pongo la mano en la frente: no puedo creer el descaro de esta mujer. El joven queda sorprendido y doy gracias a Dios de que se lo tome con gracia.
—¿Está pagando el café de su amiga también? —pregunta. Es obvio que piense eso, pero conozco a mi amiga y, cuando le gusta alguien, hace de todo por llamar su atención.
—Es tu propina, se nota lo buen t