Problema no resuelto.
Escucho las últimas palabras de Sebas y me dirijo a mi automóvil. No espero ni dos segundos y arranco; no quiero volver a ver su rostro. Se me hace un nudo en el estómago al recordar que sabía de mis conversaciones con Carlos. Sé que el daño que me hizo es mayor, pero aun así no dejo de reprocharme lo que he estado haciendo últimamente.
Mientras conduzco, me seco el rostro y me prometo que estas serán las últimas lágrimas por esta relación. Desde hoy soy libre, sin vergüenza ni culpa. ¿Luto? Me