Bajo vigilancia.
Todo lo que estoy viviendo es tan confuso. No niego que siento miedo. Esa mujer es extraña, pero Dominic también lo está.
Tomo aire y saco valor para moverme por la habitación. Hay tres puertas aparte de la entrada, así que camino hacia la más cercana creyendo que probablemente sea el baño. Al abrirla me encuentro con un enorme vestidor.
Me quedo inmóvil.
Toda mi ropa está colgada cuidadosamente en perchas de terciopelo. Mis zapatos descansan perfectamente ordenados por color y altura de taco,