Emma
Este lugar parece tener todo perfectamente organizado, incluso la parte de mantener contentos a los padres. No me había pasado que quisieran mostrarme que iba a tocar mi hijo.
— Vaya.
— Que tengas un lindo día, Oliver.
La voz de mi jefe me vuelve a la realidad. Desvío mis ojos a él, su brazo está estirado en dirección a Oli, solo lo tiene cerrado en un puño. Un puño que mi hijo termina chocando.
— Gracias, Theo —el susodicho le guiña un ojo y luego me observa.
—Te espero, Emma.
La señora J