Emma
— ¡Esas son mentiras! —grita mientras se levanta —. Mi hijo no es esa clase de persona; estas son puras patrañas tuyas para alejarlo de su hijo.
— Jamás sería capaz de eso —mantengo mi voz calmada —. Entiendo que no te guste, pero no permitiré que nadie me golpee y menos que mi hijo tenga que verme en esas condiciones.
— ¡Estás mintiendo!
Cuando la gente no tiene argumentos, grita o insulta, por lo que solo la observo tratando de mantener mi compostura.
— Te lo digo una vez más, Emma: o re