Theo Hamilton
Mi cabeza no paraba de procesar lo que había pasado, la manera en que su perfume parecía haberse colado por mi sistema y acabado con el rastro de cordura que pudiese tener.
Emma olía a un día de verano, la mezcla de flores con el rocío de la tarde. Su cuerpo, en contacto con el mío me había dejado en un punto preocupante, porque mientras ella me besaba en la mejilla, me imaginé la manera en que sus labios podían hacer contacto con los míos.
Ahora me preguntaba como encajaría su cu