Emma
Los míos simplemente se suben, porque no puedo creer que esté a punto de llorar, es que no logro entender cómo es que mi hijo parece roto con la idea de no ir a su casa, cuando apenas se conocen.
— Está bien, hijo —mi corazón se estruja.
Termino cediendo, al fin y al cabo, es verdad, pagó su educación.
— Pero no lo obligues a nada —me abraza fuerte —. Ve a bañarte.
Había algo raro en todo esto, no conocía lo suficiente a Theo, bueno sí, pero no en el ámbito privado, es que me estaba volvie