Emma
Mis pezones duros se marcaban a través del camisón, el calor de su cuerpo parecía acariciar el mío mientras colocaba sus codos a cada lado de mi cabeza y me observaba fijamente a los ojos.
Mordí mi labio intentando calmarme y sonrió.
— Sabes, Emma… —el tinte de su voz era totalmente seductor —… cada vez que te muerdes el labio así, me dan ganas de tomarte y devorarte.
Este era otro Theo, uno diferente. Nunca vi esa faceta del hombre que tengo frente a mí, jamás lo escuché hablar así de baj