Muerdes el antebrazo con más fuerza, ojos bien cerrados, imaginando su rostro entre tus piernas. La barba bien cuidada rozando la piel suave de la cara interna de tu muslo mientras su lengua caliente y ancha te lamía todo, despacio, de abajo hacia arriba, chupando el clítoris hinchado hacia dentro de su boca como si quisiera succionar hasta la última gota de tu miel.
— Ahhh… doctor… así… chúpame más fuerte… —gimes bajito contra la piel del brazo, voz ahogada.
Tu mano izquierda aprieta el pecho